envío gratis a partir de 28€

Marianne North: la mujer que viajó por el mundo para pintar sus plantas

Marianne North recorrió el mundo con pinceles, pinturas al óleo y una curiosidad difícil de contener. Entre 1871 y 1885 visitó quince países y creó más de ochocientas pinturas botánicas. Quería ver las plantas en su entorno y dejar constancia de un mundo vegetal que estaba cambiando rápidamente.


Una curiosidad que empezó en Kew

Marianne North nació en Hastings, Inglaterra, en 1830, dentro de una familia acomodada y bien relacionada. Desde joven viajó por Europa, Egipto y Siria junto a su padre, Frederick North. Durante una visita a los jardines de Kew, el botánico William Hooker le mostró una rama en flor de Amherstia nobilis. Aquel encuentro alimentó su deseo de conocer los trópicos y ver con sus propios ojos las plantas que hasta entonces solo podía imaginar.

Aprendió a pintar al óleo, una técnica poco habitual en la ilustración botánica de su tiempo, donde predominaban la acuarela y el dibujo. El óleo le permitía trabajar con rapidez, intensidad de color y una libertad que encajaba con su temperamento.

Marianne no esperaba a que la naturaleza posara: viajaba hasta ella y pintaba allí donde la encontraba.

Cuaderno de viajeMarianne North · siglo XIX
Bignonia amarilla y mariposas cola de golondrina con una vista de Congonhas, Brasil, pintura de Marianne North
Brasil. Bignonia amarilla y mariposas cola de golondrina con una vista de Congonhas. Marianne pintaba las plantas en su entorno, rodeadas de paisaje y vida.
Marianne North retratada durante uno de sus viajes
La viajera. Marianne North durante uno de sus recorridos. Viajó con frecuencia sola y convirtió la observación directa en su forma de trabajo.
Marianne North pintando al aire libre
Trabajar del natural. Pintando al aire libre, frente a las plantas que quería documentar. El óleo le permitía trabajar deprisa y conservar la intensidad del color.

Viajar sola en la época victoriana

Tras la muerte de su padre en 1869, comenzó una etapa de viajes independientes. Visitó Jamaica, Brasil, Estados Unidos, Canadá, Japón, India, Sri Lanka, Australia, Nueva Zelanda, Sudáfrica, las Seychelles y Chile, entre otros lugares. En catorce años recorrió territorios de Europa, Asia, África, América y Oceanía.

Viajaba durante meses, a menudo en condiciones incómodas, transportando sus materiales y buscando especies que deseaba pintar. Trabajaba al aire libre y representaba las plantas dentro de su paisaje: árboles completos, lianas, frutos, insectos, montañas y jardines. Sus cuadros no eran láminas aisladas sobre un fondo blanco; mostraban relaciones, ambientes y escalas.

Libertad, privilegio y contexto colonial

Su independencia fue excepcional para una mujer victoriana, pero también estuvo sostenida por circunstancias privilegiadas. La fortuna heredada le permitió viajar sin depender de un marido, y las conexiones políticas de su familia le abrieron puertas. Muchos de los territorios que visitó formaban parte del Imperio británico o estaban bajo su influencia económica.

Las cartas de presentación, las redes coloniales y el trabajo de guías, porteadores, trabajadores locales y personal doméstico hicieron posibles numerosos desplazamientos. Mirar hoy su obra implica admirar su valentía y su talento, pero también comprender el sistema histórico dentro del que pudo realizarlos.

Pintar plantas vivas, no ejemplares secos

North prefería pintar cada especie en su hábitat. Sus imágenes conservan información sobre el color, el crecimiento y el paisaje que a menudo se perdía cuando una planta llegaba seca a un herbario europeo. Algunas de sus pinturas ayudaron a documentar especies poco conocidas por la ciencia occidental de la época.

  • Realizó más de ochocientas pinturas.
  • Viajó por quince países entre 1871 y 1885.
  • Trabajó principalmente con pintura al óleo.
  • Representó las plantas dentro de sus ecosistemas.
  • Financió una galería para conservar y mostrar su obra.

Una galería como un jardín pintado

En 1879 propuso a los jardines de Kew construir una galería para reunir sus cuadros. Ella misma ayudó a decidir la disposición de las obras y la decoración del edificio. La Marianne North Gallery abrió en 1882 y todavía puede visitarse. Sus paredes están cubiertas casi por completo por pinturas, como si el visitante entrara en un herbario sin páginas.

Marianne murió en 1890. Dejó una colección singular: un archivo de viajes, paisajes y especies realizado antes de que la fotografía en color pudiera cumplir esa función. También dejó una manera de acercarse a las plantas basada en la experiencia directa, la atención y el asombro.

Lo que nos inspira de Marianne North

Su obra nos recuerda que observar una planta también es observar el lugar del que forma parte. Ninguna hoja existe aislada del suelo, el clima, los insectos o las personas que viven a su alrededor. Pintar o prensar una planta puede ser una forma de conservar su memoria, pero también de preguntarnos de dónde procede y qué relaciones la sostienen.